|
Temas
Archivos
Enlaces
|
Han pasado cuatro años desde que abandoné el blog. Hoy me he acordado de él, lo he revisitado, he recordado... Me sorprende que todavía recibe visitas, y que incluso hay comentarios recientes. Quizá lo retome, aunque me da cierta pereza. Besos y gracias a todos los que os habéis acercado por aquí. Feliz año a todo el mundo. Siento muy sinceramente no haber mantenido actualizado el blog. Y lo malo es que no sé con qué frecuencia lo voy a poder hacer a partir de ahora. De todas formas, voy a tratar de ponernos al día sobre algunas de las historias que os contaba en este blog: No me he enrollado con Javi todavía, pero cada día que pasa estoy más convencida de que los dos juntos seremos una bomba sexual. He escuchado, y he visto, a Javi y a Laura follando. Ahora Javi me reta a que sea yo la que se deje ver. Solo estoy esperando a que se apueste algo a que no soy capaz. Entonces le dejare que me vea. Seguramente, lo hare con Michel. A él no creo que le importe. Ya hemos estado juntos en situaciones curiosas y hasta parecidas. Precisamente con Michel (bueno, y con otros amigos y amigas)pasé la Nochevieja. Con él eché el primer polvo del año, en mi camita (tenía todo el piso para mi sola), mientras amanecía.  Con mi mano... a veces consigo recordarte. Anoche enseñaron en Las Cerezas, el programa de la Otero en tve1, cómo le ponían un piercing a un tío en la polla. A Sandra le dio por reír y Javi decía que le estaba doliendo sólo de verlo. Yo me reía con las barbaridades que decían los dos, pero me daba miedo mirar porque me daba repelús. Y es que me gustan los piercings, e incluso los de clítoris (solo los he visto en fotos) me parecen supereróticos. Ahora, en el pene, no sé porqué, no me gustan tanto –también solo los he visto en fotos y ayer en la tele-. Además, me da la impresión de que tiene que doler cuando se ponen en la vagina, en el clítoris o en el glande, y que hay bastante riesgo de infección. No sé si benefician o perjudican en las relaciones sexuales. Estoy un poco pez en todo esto. Pero anoche los tres coincidíamos en que en principio no nos pondríamos nunca un piercing en nuestros genitales. Que otra cosa son los labios, la nariz, los pezones... ¿Cuánta gente de las que nos cruzamos por la calle deben tener un piercing –o varios- ahí abajo? Un día Sandra me preguntó: ¿te has enrollado alguna vez con una chica? Ella es así. Puedes estar hablando de cómo cocer mejor las judías, o de lo que te has comprado esta mañana de ropa, y de repente te suelta alguna pregunta que te deja descolocada. Debe ser una técnica que usa para pillarte desprevenida y sonsacarte lo que quiere. Por eso a veces no me fío mucho de ella, aunque la verdad es que, aunque no tenemos una confianza de amigas íntimas, la considero una buena tía. Le contesté que sí, pero que no había pasado de un morreíllo con una chica un día de borrachera. Le dije la verdad, aunque incompleta. Con una chica me besé en los labios (con lengua, un morreo en toda regla), cuando tenía 17 años, pero fue una tontería (a alguna había dado un pico antes, jugando a la botella, pero eso no cuenta) y no le doy más importancia que la que tiene. Peor un año después sí que tuve mi primera –y hasta la fecha, única- relación lésbica completa, pero desde luego no será la última.
Fue en verano, en la playa. Era amiga de unas amigas y la conocía de unos diez días. Una tarde nos quedamos solas tomando el sol en la piscina del bloque de apartamentos donde estaba con sus padres. Decidimos subir a ducharnos y vestirnos para ir con nuestros amigos. No estaban ni sus padres ni sus hermanos. Dijo que me duchase yo antes, así que me desnudé delante de ella y me metí en la ducha. Al salir, estaba ella esperándome con una toalla. En vez de dármela, me la puso por encima y me empezó a secar el cuerpo. Bueno, más que secar, acariciar. Yo, a cuadros. Conque la miré y le dije: ¡hey, que me vas a poner cachonda si me sigues mimando así! Y va la tía y me dice: es que me encantaría que te pusieras cachonda. ¡Joder! Me quedé paralizada. En un par de segundos pensé de todo: “cómo me puede pasar esto a mí”, “pero de qué va esta tía”, “a ver cómo me escabullo yo de aquí”. Pero por otro lado, siempre había tenido claro que me gustaría hacer el amor con una chica. No es que me considere bisexual, pero hay chicas guapísimas y con unos cuerpos muy sugerentes. Habitualmente me fijo en las chicas –en la playa, en los vestuarios, por la calle-, y suelo tener fantasías. También me he enrollado con alguna lesbiana por el messenger. No sé, lo veo natural. Así que creo que pudo más la curiosidad, el no dejar pasar la oportunidad. No era ni guapa ni fea, era una chica del montón. Quizá como yo. En definitiva, que al final le dije: pues ponme cachonda. Me besó, la besé, me acarició los pechos, bajó su mano hacia mi coño, yo hice lo mismo –ella aún llevaba el bikini-, sin dejarnos de besar me llevó hasta una cama, me tumbó y me lamió el clitoris y me penetró con su lengua y con sus dedos. Pero yo sobre todo quería probar lo que sentía yo al hacérselo a una chica. Así que le pedí parar y fui yo quien empezó a recorrer su cuerpo con mi lengua y a jugar detenidamente con su clítoris. Procuré masturbarla como a mi me gusta hacerlo y que me lo hagan. Cuando vi que estaba muy excitada nos pusimos las dos de costado, entrelazamos las piernas y nos frotamos y besamos hasta que nos corrimos, ella primero, y luego, en seguida, yo. Fue bonito. Nos vestimos y marchamos a ver a nuestros amigos. Yo estaba liada con un chico. No os podeis imaginar el morbo de estar en la misma pandilla con él y con ella. Esa noche eché un polvo con él, pero mi cabeza estaba con ella. Hace días que tengo descuidado el blog. No he podido escribir. A ver si me aplico un poco más. Por retomar el hilo de las cosas que contaba que me pasan, tengo que decir que un par de días después de que Javi y yo escucháramos desde mi habitación cómo follaba Sandra con su chico, cogí a Javi y le dije: - Oye, y a mí también me has espiado alguna vez cuando yo estaba con un tío? - ¿Tú qué crees? - Me da la impresión de que sí. - ¿Por qué? - Si lo haces con Sandra, lo harás también conmigo. - Bueno, es inevitable oir. Las paredes son de papel. - ¿Pero has pegado también la oreja para oír mejor? - Bueno, digamos que he aguzado el oído. - ¿Y te parece bonito? - ¿Qué pasa, te da corte? - Sólo quiero saber si lo haces y por qué - Tú también escuchas a Sandra, tu habitación está pegada a la suya. - Yo no pego la oreja a la pared como tú - ¿Seguro? - Vale, tienes razón, lo he hecho alguna vez, jajjajaja. Pero no me enredes. - ¿Y verdad que también me has oído a mí? - Por qué crees eso? - Me lo imagino. - Mucha imaginación tienes, Javi. - Muchísima. Más de lo que te crees. - ¿Me has oído muchas veces? - Algunas. ¿Te molesta? ¿Te vas a enfadar? - No, no te preocupes. No me voy a enfadar. No van por ahí los tiros. Es curiosidad que tengo. ¿Por qué lo haces? - Pues por curiosidad, por diversión, por morbo. Qué se yo. O es que tú oyes a una pareja follando y no te hace gracia y escuchas? Yo creo que es normal. - Vale, te entiendo. - Además, a mí lo que me gusta es ver más que escuchar. - Claro, como a todo el mundo. - Eso es lo que me gustaría, ver. - ¿Qué quieres decir? - Pues eso. - ¿Vernos a nosotras, a Sandra y a mí? - Jjjajjajaja, claro. Y a mucha gente más, jajjaja. - Te parecerá bonito. - ¿El qué? - Que no contento con pegar la oreja a la pared para oírnos, encima quieras vernos. - Claro que me parece bonito. Sería estupendo, jajajaja. - Estás un poco chalado. Y encima me lo cuentas. - ¿Por qué no te lo iba a contar? Es una fantasía. A mí no me importaría que me vierais. - Ya. No me lo creo. - Pues créetelo, no me importaría. Me daría morbo saber que me estáis mirando. - Ya, eso dices ahora, y luego seguro que te daría corte. - ¿No te lo crees? Vale. La próxima vez que esté con una chica dejaré la puerta entreabierta. Si quieres, miras. - Estás loco si crees que lo haré. - Tú misma.
Acabamos riéndonos y dejamos el tema. Pero el caso es que al cabo de unos días, un viernes por la noche, sobre la una de la noche, yo estaba en la cama casi dormida del todo. Sandra no estaba. Oí que se cerraba la puerta de casa. Pensé, ya vuelve Javi. Peor oí pasos y voces de dos personas. Eran Javi y una chica. En seguida pensé: ¿hará lo que dijo? ¿dejará abierta la puerta de su habitación? Al cabo de unos diez minutos me levanté y fui al cuarto de baño. Desde ahí vi que, en efecto, la puerta estaba abierta. El corazón me latía a cien. Al final me decidí a acercarme y mirar, pero asegurándome que no me pudiesen ver. Sentía en los pies el frío de las baldosas. Creo que se me erizaron los pezones. Dentro no había luz, así que no podía ver casi nada. Tan apenas unas sombras. Evidentemente, eran Javi y una tía follando, pero casi no hacían ruido. Oía sus respiraciones, algún gemido ahogado, el roce de los cuerpos, las sábanas ... Tenía el corazón en la boca. La lengua seca. Intentaba contener mi respiración para no hacer ruido.
Permanecí pegada a la puerta unos minutos para intentar serenarme. Al cabo de un rato volví a mirar, pero seguía sin ver más que sombras. A pesar de eso, me fascinó la situación. Olía a sexo. Habría querido entrar y meterme con ellos en la cama. Los jadeos subieron de tono. Me sentí estúpida por lo que estaba haciendo. Me sentí como uno de esos mirones que van a ver follar a las parejas en los coches. Pero claro, no es lo mismo, pensé. Es Javi, y él me ha ofrecido hacerlo. De repente la chica empezó a hablar. No habían dicho todavía ni una palabra. Era realmente obscena la tía. Por lo que decía y, sobre todo, por cómo lo decía. Parecía que le iba la vida en ello. Desde luego, se notaba que estaba disfrutando. Javi no hablaba, emitía jadeos que a veces parecían gruñidos. No aguanté más y me volví a mi habitación. Allí no se les oía. Me metí en la cama. Tenía las bragas húmedas. Cogí la almohada y me restregué el cuerpo con ella. Cómo echaba en falta un hombre. Tumbada boca abajo me masturbé con los dedos, frotándome contra el almohadón. Fue rápido. Enseguida me corrí.
Al día siguiente, durante la comida, casi no miré a Javi a los ojos. Me sentía algo avergonzada. En cambio, me dio la impresión de que él estaba todo el rato mirándome. Supongo que serán imaginaciones mías. Después del café, Sandra se marchó. Entonces Javi me preguntó:
- ¿Qué, nos viste anoche? - ¿Cómo? - Que si nos viste anoche a Laura y a mí. - No vi nada (no mentía) - Pues me pareció que estabas en la puerta. Ya ves que no faroleaba el otro día. - Javi, me pareces otro tío distinto al que conocía. - ¿Por qué? - No me dirás que esto es muy normal. - No sé que sensación tenías de mí. - Pues parecías un chico mucho más comedido. - Tú también pareces mucho más modosita de lo que eres. - ¿Por qué dices eso? - Porque es verdad. Lo sé. ¿Pero miraste o no? - Vale, miré pero no se veía nada. Sólo quería comprobar si te ibas a atrever. - Lo siento, fue ella la que apagó la luz. Y ya ves que sí que me atrevo. Me gustan esas cosas. - ¿Qué cosas? - Pues estas cosas. Ya te iré contando, curiosona.
Como era sábado y ninguno de los dos habíamos quedado todavía con nadie, decidimos salir juntos a tomar alguna copa y charlar. Yo pensé que por la noche fijo que me iba a proponer que nos enrollásemos. No sé si por eso o si sólo por coquetería, me puse guapa. Guapa y atractiva. Vamos, como sabemos ponernos cuando así lo queremos. Salimos tarde y fuimos a un par de garitos. Nos tomamos unos chupitos de tequila, luego whiski con coca cola. Javi encendió un canuto en la calle. Yo sólo le dí unas caladas. No me gustan mucho. En un disco bar, otra copa más. Yo ya iba mareada. En una esquina del local, sin gente cerca, me dice, ¿qué, te dio morbo lo de anoche?. El alcohol hizo imposible que yo pudiera mantener más tiempo mi máscara:
- Pues si Javi, lo reconozco, tuvo mucho morbo. - Ya sabía yo que te gustaría. - ¿Por qué lo sabías? - Nos conocemos hace tiempo, hace unos meses ya hablamos tú y yo de sexo y nos contamos algunas cosas. ¿o no te acordabas? Me contaste alguna experiencia. Y luego, pues te he oído haciendo el amor y sé que desde luego no eres una mojigata. - Claro que me acuerdo que hablamos hace unos meses y que llamamos a las cosas por su nombre. - ¿Y no te acuerdas que me dijiste que a veces habías visto a chicos y parejas por el messenger? - Sí claro. - Pues esto es parecido, pero esto es real. - Ya, por eso es diferente. Lo otro es mucho más inocente. - Pero esto tiene mucho más morbo. - Sí claro. - Otro día encenderé la luz para que puedas ver bien. - Oye, no soy ninguna mirona, que a mi lo que me gusta, como a todo el mundo, es participar. - Bueno, pues si no quieres da igual. - Vale - Y a la inversa? ¿Me dejarías verte haciéndolo con otro? - Estás loco Javi. - Jjjajajjajjajja
Nos dimos un beso y nos fuimos a bailar. Ya no hablamos en toda la noche de eso. Volvimos a casa. Me puse el pijama y cuando oí que salía del baño e iba a su habitación, salí. Entreabrí su puerta. Me dijo ¿qué pasa? Riéndome le dije: si no te importa que te vea follando, tampoco te importará que te mire ahora, no?. Se rió y se fue desnudando delante de mi. Cuando se quedó en calzoncillos, se le notaba que tenía una bonita erección. ¿Ya está? le dije. Se puso de espaldas y se bajó los calzoncillos. Sólo le vi el culo antes de que se metiera en la cama. Jjajajja, estás loco Javi, y me fui a dormir. Desde hace tiempo tengo mucha curiosidad por el sexo en grupo. Quiero probar qué se siente estar rodeada de varios cuerpos, de hombres y mujeres entregados al placer sin tabúes. Una orgía, vamos. No me ha surgido nunca la ocasión. No sé si me daría miedo y me echaría atrás en el último momento. Debe ser complicado dar ese último paso. Pero es algo que me atrae. He visto fotos que me dan mucho morbo.
Recuerdo que ese morbo ya lo sentía cuando hace ya bastantes años hacíamos el juego de la botella y te ponían una prenda. Que si ahora quítate la camiseta, ahora dale un beso a este chico, ahora un morreo a este otro, acaricia los pechos de esta chica... A lo más que llegamos las chicas fue a darle un beso en la polla a uno de ellos pero con sin quitarse los calzoncillos. Sólo con los ligeros besos de las cuatro chicas estuvo a punto de correrse. Y los otros chicos estaban superempalmados ¡Qué recuerdos de mi adolescencia! Es el típico juego que, teniendo un par de años más acaba en orgía segura. Pero claro, entonces aún éramos todos y todas vírgenes. Y al cabo de un poco tiempo, cuando te entra la sensatez, ni se te pasa por la imaginación jugar a la botella, que eso es cosa de críos ansiosos de saciar su curiosidad en torno al sexo.
En otras ocasiones he estado cerca del sexo en grupo. Una vez en una playa y otra vez en un piso de estudiantes donde se celebraba una fiesta. Yo me enrollé con Michel, que le pidió a uno de los que vivían en el piso que le dejase su habitación para nosotros. Estábamos en plena faena cuando llaman a la puerta. Nos tapamos con las sábanas y entra el tío y dice que si no nos importa, que otra pareja quiere ocupar la otra cama de la habitación. Michel protestó y dijo que no, pero no le hicieron caso. Entró la otra pareja, borrachos perdidos, y se tiraron en la otra cama. Dijeron, tranqui tíos, seguid con lo vuestro, que apagamos las luces y ya está. A ellos les daba igual todo, iban muy pasados. Se desnudaron y se pusieron a hacerse de todo delante de nosotros. No se veía casi nada pero algo de luz entraba por la ventana. El la comió enterita, ella le hizo una mamada luego ella se puso encima de él a cabalgar. Yo, la verdad, me puse a tope. Y Michel también tenía la polla hinchada, pero no nos atrevíamos a hacer nada. Pero en seguida, Michel se puso de nuevo sobre mí, me besó y me dijo, oye, da igual, no los conocemos de nada, y seguimos donde lo habíamos dejado. Cuando noté que mi excitación ya era máxima, retiré la sábana de encima. Quería que me miraran, que vieran cómo lo hacíamos y cómo llegábamos al orgasmo. Pero creo que ya se habían quedado dormidos. Cuando abrí este blog lo hice con la intención de escribir todos los días un poco, y resulta que lo tengo un pelín abandonado. Y mira que hay cosas que contar... Ya salí hace unos días del bajón anímico aquel y me encuentro estupendamente. Este puente estuve en casa con mi familia. Ha sido estupendo: buena comida de mamá, cena y risas con los amigos, salida al monte a buscar setas, charla con la familia... No he parado. Han sido tres días bien aprovechados. El lunes por la tarde noche me llevó a casa una amiga del pueblo en su coche. Ella seguía hacia Zaragoza, pero le presenté a mis compañeros de piso y se quedó a cenar. Sandra y Javi estuvieron super simpáticos con ella. Hasta me dio la impresión de que a Javi le había hecho tilín mi amiga. No sé, estuvo muy atento con ella, casi empalagoso. Y es que creo que Javi desde que cortó con su novia va a saco. En la fiesta de la apertura paralela me contaron que se enrolló con una tía de su clase, y hace unos días se trajo a otra chica a casa por la noche. Me parece bien, es libre. Pero no sé por qué, me siento un poco celosa. Cuando anoche lo veía charlar con mi amiga volví a notar esa sensación. Creo que me gusta. Seguramente me gustaba ya, pero como tenía novia pues inconscientemente eludía cualquier posible “enamoramiento”. Los días en que me dio el bajón se portó muy bien conmigo. Y creo que flirtea conmigo. Yo también hago lo mismo con él. Nos damos muchos besitos y nos hacemos arrumacos. Se está convirtiendo en una especie de juego. Hace una semana aproximadamente, vino a mi habitación y riéndose me dice: ya están esos dos dándose el lote otra vez. Lo decía por Sandra y su novio, que estaban encerraditos en su cuarto. Le dije, no seas malo, no los espíes, que hagan lo que quieran. Y de repente, empiezan los “ruiditos” en la habitación de al lado. No sé por qué esa cama hace ese ruido. Que le echen 3 en 1. Bueno, nos estuvimos riendo mientras follaban. Fueron discretos. Otras veces la he oído casi chillar. Es una escandalosa. Pero esta vez sólo algún gemido. Javi pegó la oreja a la pared para oir mejor. Se reía, nos reíamos -ya los hemos escuchado follar otras veces-, pero a mi la situación me estaba poniendo a cien. Sé que es una tontería pero me daba morbo. Luego los oímos salir hacia el cuarto de baño. Nosotros dos, calladitos para que no se dieran cuenta. Qué bien se lo pasan, me dijo Javi. Y tú también, le respondí. Me miró de una forma directa, a los ojos, pero no dijo nada. No supe qué pensar. Luego, al acostarme, me masturbé delicada y deliciosamente. Me encuentro deprimida. No me pasa muchas veces, pero de vez en cuando me dan bajones tremendos. Creo que todo me sale mal. No tengo ganas de estudiar, ni de salir, ni de comer, ni de nada. Es un desánimo general. Sólo suelen ser dos o tres días, pero lo paso fatal hasta que me recupero y me animo. Soy de natural alegre y extrovertida. Por eso se me nota mucho cuando me da el bajón. Javi y Sandra se están portando muy bien conmigo, me miman, me hacen cariñitos y tratan de alegrarme. Y yo lo agradezco, aunque en esos momentos, no sé por qué, suelo aborrecerlos. Aunque, en el fondo, sé que son dos amores, cada uno con sus particularidades, pero buenos colegas y amigos en los que creo que puedo confiar. Espero salir pronto de esta depresión. Resulta que Javi también le contó lo de su novia a Sandra. Me lo ha comentado ella esta mañana. Nos hemos puesto a hablar de ella y la hemos despellejado. ¡Somos unas brujas, jajjajaj! Le habrán pitado los oídos. Sandra opina que Javi no está enamorado de ella ni mucho menos, que sólo iba con ella por estar con alguien, porque está buena y por sexo, pero que en realidad no le gusta su forma de ser. Me ha preguntado si no me había dado cuenta que últimamente follaban menos. Me he hecho la loca, cómo me voy a fijar en algo así. Pues hace varias semanas que, al menos en casa, no lo hacían, me asegura (y yo lo ratifico para mis adentros, pero claro, lo han podido hacer muchas veces cuando no estabamos nosotras en casa, no hay porqué follar solo por las noches). Yo, por ejemplo, prefiero hacerlo cuando no están ellos en casa, aunque tampoco es que me preocupe o me moleste que estén. Pero claro, si tienes que salir al baño, o ir a la cocina, o lo que quieras, pues no te tienes que preocupar de si vas o no vas en pelotas.
|